El aullido del poeta

En 1956, Allen Ginsberg, poeta y uno de los máximos representantes de la llamada Generación Beat, publicó un libro de poemas que tituló ‘Howl and other poems’ (Aullidos y otros poemas), en el que explicaba su visión del mundo en cuatro partes. Al poco de su publicación, a manos de una pequeña editorial de San Francsico, la obra fue prohibida por considerarse obscena, y se llevó a su editor, Lawrence Ferlinghetti, a los tribunales, acusado de promocionar obras de carácter obsceno y de poco o nulo valor literario.

El poemario de Ginsberg enseguida tuvo mucha repercusión mediática (como suele ocurrir con todo lo que se prohibe), y llegó a ser el símbolo de toda una generación que se revelaba contra el conservadurismo imperante de la época.

La película, que lleva por título el mismo que el poemario de Allen Ginsberg, dirigida a cuatro manos por Rob Epstein y Jeffrey Friedman (conocidos documentalistas en el ámbito de la homosexualidad), no es exactamente una biografía; no es realmente un documental; y solo vagamente una adaptación. De hecho, es una mezcla de todo ello.

A grandes rasgos, el argumento de la película es el juicio que se llevó a cabo en contra de la publicación del poemario de Ginsberg, intercalado con una entrevista, así como situaciones de la vida de cómo el poeta entra en contacto con Jack Kerouac y decide hacerse poeta o su relación con el que será su pareja, el también poeta Peter Orlovsky.

Cada palabra pronunciada en la película es parte del registro histórico, así nos lo hacen saber nada más empezar la proyección. El poema en sí mismo es la fuente principal, junto a una larga entrevista que Ginsberg dio en 1957 y también transcripciones de la corte del juicio por obscenidad contra Lawrence Ferlinghetti, editor de ‘Aullido y otros Poemas’.

No es de extrañar que Gus van Sant esté detrás de la producción ejecutiva. Conocido director de cine homosexual, ha llevado a la gran pantalla películas de temática gay, entre ellas ‘Mala noche’ (en castellano el original, 1986), ‘My own privat Idaho’ (Mi Idaho privado, 1991) o ‘Milk’ (Mi nombre es Harvey Milk, 2008), curiosamente, uno de los directores de ‘Howl’, Rob Epstein, dirigió en 1984 un documental sobre el mismo personaje, el primer político abiertamente homosexual que llegó a ser elegido para un cargo público en los Estados Unidos. Sin embargo, quedarse únicamente con la idea de que la película es otra película más de un homosexual que lucha contra el conservadurismo de la época, es no querer ver más allá de lo aparente.

La película se centra en el intenso e interminable debate de qué es arte y qué no lo es y, sobre todo, si es lícito usar en literatura cierto lenguaje malsonante pudiendo ser utilizado otro para explicar lo mismo (o algo parecido). Y lo hace de manera brillante, pues mezcla diferentes estilos, todos ellos con una personalidad única, que van desde el blanco y negro más visceral hasta unas sorprendentes animaciones que sirven de soporte a la potencia y sobriedad del poemario de Allen Ginsberg.

En un momento de la película él mismo contesta el porqué escribe de la manera que lo hace. No distingue entre lo que le explicaría a un amigo a lo que utilizaría para hablar con las musas. Al fin y al cabo, la literatura es aquello que nos permite ser libres, sin prejuicios, como cuando hablamos con un colega. Tal y como asegura Ginsberg, uno escribe de la manera en que uno es.

Las escenas del juicio donde se intenta esclarecer el asunto se convierte en una interminable pasarela de críticos literarios que juzgan, según sus intereses y, por supuesto, sus gustos, la obra de Ginsberg. Algunos con más acierto que otros, otros con mejores reflexiones y sin ideas preconcebidas con respecto al arte, y con un punto de ironía, que es la mejor arma para enfrentarse a un texto literario.

No es fácil meterse en un aspecto tan pantanoso de nuestra cultura y salir airoso. Juzgar a alguien por utilizar un lenguaje obsceno no tiene, en estos días, ningún sentido. Sin embargo, hoy se sigue manteniendo el debate en cuanto a qué es el arte. Y parece que va para largo.

No puedo (ni quiero) dejar pasar la oportunidad de hablar de la actuación de James Franco como Allen Ginsberg. Simplemente magnífica. El registro de Franco parece no tener límites y da la sensación de empatizar profundamente con el personaje, pues se lo hace suyo de principio a fin, creyéndote por momentos, que es el mismo Ginsberg quien habla, quien recita, quien escribe.

Los referentes de la película son bastante claros, a caso el más directo sea ‘The Wall’, dirigido por Alan Parker allá por 1982 y de una estructura casi idéntica a la película que aquí nos ocupa. De hecho, eso juega en su contra. Mientras que en ‘Howl’ son los poemas de Allen Ginsberg los que llevan la voz cantante y nos sumergen en el particular modo de ver el mundo de su creador, ayudado por unas espléndidas animaciones, en ‘The Wall’, Alan Parker hacía lo propio con la sugerente música del grupo británico de Pink Floyd, adaptando uno de los mejores discos de la banda y todo un referente musical desde su aparición a finales de la década de los setenta del siglo pasado. Quien ha visto ‘The Wall’ es imposible que no le venga a la mente sus imágenes mientras mira ‘Howl’. Y ya se sabe (o al menos, eso se suele decir) que las comparaciones son odiosas. Sin embargo, mientras que en ‘The Wall’ se retrata la locura del artista, en ‘Howl’ es la lucidez su razón de ser.

Si alguien me preguntara por qué debería ver esta película, le contestaría que no hay ningún motivo para no hacerlo.

Advertisement

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.