Son las 23.29 del lunes 21 de septiembre, y acabamos de salir del cine con mi colega Pasquin.

Es cierto que llevamos un tiempo sin escribir un carajo, pero créeme, esta no la podíamos dejar escapar. Hemos visto Inglorious Basterds, el nuevo film de Tarantino. Reconozco que mientras Pasquin no paraba de rajarlo, yo estaba sumido en un estado cercano a una grandísima apatía, casi sin poder articular palabra; tal vez una sobredosis de chuches, apetinas y arroz inflado fueran la causante de tal ensimismamiento, o tal vez no. Si esta última posibilidad fuese la que tendría en cuenta para esta vida, en este blog, sería debido sin duda al enésimo fiasco cinematográfico, a una nueva decepción.
Todos los directores que antaño idolatramos pululan hoy entre sombras, denostados por un espíritu crítico no deseado pero que sin duda señala la edad y el inexorable paso del tiempo. Michael Mann sería el presidente de este nefasto club, Scorsese su becario principal y David Fincher con Darren Aronofsky, los colegiales pizpiretos ansiosos por formar parte de él. Y no digo nada sobre Ridley, porque ni siquiera les traería los putos cafés a éstos. Pero no, no es culpa nuestra, son ellos mismos los que se han puesto la soga al cuello.
Muy probablemente estemos ante los 80 del siglo XXI (cinematográficamente hablando). La peor década de la historia del cine, sin ideas y con unos presupuestos desorbitados (decorados inflamados). Un envoltorio brillante inducido por las nuevas tecnologías y patrocinado por un consumismo exacerbado; resumiendo, cine para estúpidos. Pero como buen reflejo de la sociedad, éste no le iba a ir a la zaga, claro que no, y no escribo nada sobre politiqueo o ideologías. La nueva tiranía es la del dinero, lo remarco por si no lo sabías, aunque no pienso seguir por ahí.
Lo de los 80 también venía por una cancioncilla (creo que en algunos sitios aquí pondrían SPOILER) que mete el amigo Quentin mientras la rubia francesa trama su venganza. ¿A qué coño venía? ¿Era necesario? ¿Lo era también para aquella escena de Uma en el parking mientras intenta escapar del hospital en Kill Bill? Siguiendo con Bill, ¿por qué repite canciones en este nuevo film? Que yo recuerde ahora mismo, dos seguras. El papel de Julie Dreyfuss: el mismo (un memo diría “pero con matices”). Actores: Brad Pitt hace lo que puede con el metraje que tiene, pero abusa de su mandíbula kleenexada a lo Marlon-Padrino. Los europeos mejor, sobretodo Cristoph Waltz, un Tim Roth alemán (debió ver Four Rooms bastantes veces).
En cuanto a escenas y actores, ya que salían estos dos nombres: el primer capítulo nos presenta al sádico coronel alemán “cazajudíos”, pero lo que sigue de peli no va en consonancia a los minutos que le dedica aquí (al final no resulta tan listo y cabrón, si no más bien un monologuista chisposo). Brad Pitt-Aldo Rein. Se nos enseña la cicatriz del cuello claramente, pero no hay ni una puta referencia a cómo se la hizo (imaginamos cosas que tienen las guerras), mientras que algunos de los bastardos reciben una atención especial (aunque luego mueran casi de repente, caso del desertor alemán-Marco Polo). Diane Krüger apenas tiene protagonismo y su papel parece un tesoro por el que valdrían la pena mil naufragios. Mélanie Laurent (la rubia francesa) parece forzada, pero su belleza gabacha lo compensa (sí, vale, hay que joderse).
Los diálogos son parte fuerte del aún joven director, ciertamente. Pues aquí, excepto el de la primera escena a la que hago referencia, ni rastro de ellos. Abusa de unas escenas larguísimas que otras veces le funcionaron (Pulp Fiction, por ejemplo), y que ahora ya ni sorprenden ni mucho menos aportan nada al contenido de lo que estamos viendo. El título debió de sonarle muy bien en su cabeza, porque los bastardos, desaparecidos en combate (nunca mejor dicho). ¿Por qué vendieron así la peli? El trailer habla de una sangrienta vendetta judía versus los nazis, protagonizada por estos zumbados. Nada que ver.
Una estructura por capítulos tiene que llevar a algún lugar, pero aquí sólo segrega y deslabaza el ritmo de un film que se eterniza durante más de dos horas y media. Cada personaje parece ir a su rollo y el espectador no sabe a qué atenerse (SPOILER como cuando en la escena final hay tres tramas paralelas que se aguantan con hilillos).
Cosas buenas: pese a todo lo dicho, es cierto que es un film que huele a Tarantino, y tiene momentos y planos que muy pocos podrían hacer o cuanto menos, que le son característicos (escena “adoración a los pies femeninos” incluida). Aunque sé que también podría deberse a un “joder, una nueva peli de Quentin, seguro que va a pasar algo pero ya”, y resulta que llevamos dos horas de peli y seguimos esperando. A ver, en positivo. El sentido del humor. Sólo así se explica la caracterización de Hitler (y Göbbels), que raya lo esperpéntico en el clímax final. También por la ambientación histórica, estilo libre total (¿toda la plana mayor del Reich acude a un estreno en París un mes después del desembarco de Normandía y ni una referencia al devenir de la guerra?). El momento de la taberna francesa… no, joder, no. Ni siquiera sabes quien muere, y el que muere te preguntas por qué, y es matar por matar y otra escena mega-larga… A estas horas de la noche no se me ocurre ninguna otra cosa buena más, así que voy a dejarlo ya.
Me jode, como decía Pasquin al salir del cine, que con el tiempo que ha tenido entre peli y peli, Tarantino no haya sabido crear algo nuevo. Parece que ha llegado a un punto en el que está demasiado pagado de sí mismo, o es que simplemente nadie se atreve a decirle “eh tío, espabila”. Siguió una evolución lógica hasta, si me apuras, Jackie Brown (como experto plagiador con su sello). Después sólo pajas y una preocupante sensación de repetición, como un grupo de música que ya no tiene nada más que decir después de llegar a la cima. Tipo Deftones tras el White Pony o Radiohead después del OK Computer: ¿víctimas de su propio éxito o puede que ya no den más de sí?
No sé cuántas decepciones podremos aguantar más. Seguramente las series de TV tienen parte de culpa (ahí te das cuenta de que en menos de una hora se puede contar una historia bien), junto con el paso del tiempo, la caída de los mitos y tu propio camino personal. Per créeme, yo adoraba a Quentin. De hecho lo adoro, y puede que espere un resurgir, pero este es el precio que tiene que pagar por traicionarnos y descubrir la verdad. Sí, porque pagar, yo, para ir a verle al cine, me temo que pocas veces más.
Lo mejor: que esperas durante dos horas y media a que Tarantino te sorprenda, por lo que no te da tiempo a sobarte ni a aburrirte. Que se tome la guerra, Hitler y los nazis en plan cachondeo. Algún plano guay. Tim Roth.
Lo peor: todo lo demás. Ritmo, música (increíble, ¿no?), la poca cancha a las femmes (sobretodo a la Krüger), ¿quién son y dónde andan los bastardos?, el metraje excesivo, la autocomplacencia de Quentin y que se plagie a sí mismo. Que no me ha dejado sobarme.
Escrito por Enzo Perugia 


Escrito por Enzo Perugia
Tadanobu Asano. Escribo el nombre ya, que no quiero olvidarme.
Escrito por Enzo Perugia 



La tercera es la aclamada La stanza del figlio, ya del 2001, que se alzó con el máximo premio en Cannes y dónde veíamos a un Nanni mucho más pausado y contenido. De ahí a Il Caimano (2006), que no he visto pero que no creo que sorprenda mucho, y Caos Calmo -que se estrenó el año pasado-, en la que actúa solamente (y no dirige), dónde es casi actor al ciento por ciento y nada más.








